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Fotos de antes y después, guardadas donde de verdad las vas a encontrar

Tu carrete no es un archivo. Guarda las fotos de antes y después en la ficha del cliente, privadas para tu equipo por defecto, y así el trabajo de la última visita queda a un toque en la siguiente cita.

EEEl equipo de Bookatu

Pregúntale a una técnica de pestañas dónde están las fotos de los clientes del mes pasado y siempre oirás la misma respuesta: en algún sitio del móvil. Entre fotos personales, otros clientes y tres ángulos del mismo trabajo, encontrar la buena a mitad de una cita significa deslizar con un guante quitado mientras el cliente espera. Las fotos existen. El sistema, no.

Fotos que viven con el cliente

En Bookatu, las fotos se adjuntan a la propia ficha del cliente. Abres al cliente, añades la foto, la etiquetas como antes o después y le pones un pie si el detalle importa, como la fórmula del color o la curvatura y la longitud que usaste. En el siguiente relleno abres esa misma ficha y el registro está ahí, ordenado, con lo más nuevo primero.

Eso cambia el arranque de una cita. En vez de preguntarle a un cliente que vuelve qué se le hizo la última vez y fiarte de la memoria, lo miras. Una colorista comprueba el tono exacto que funcionó. Una esteticista compara este mes con el anterior. Un tatuador revisa cómo cicatrizó antes de planear la siguiente sesión.

Primer plano de un trabajo de uñas detallado
Un trabajo así se merece algo mejor que la página 47 de un carrete.

Privado primero, compartido a propósito

Las fotos de clientes son delicadas, así que el punto de partida es prudente: todo lo que subes lo ve solo tu equipo. El cliente no lo ve, y nadie más tampoco. Cuando hay una foto que al cliente le encantaría, compartes esa foto en su portal, donde puede verla junto a sus propias visitas. Tú controlas qué sale de la trastienda.

  • Pide permiso antes de disparar. Un sí rápido hace que todo el mundo esté cómodo, y los clientes dicen que sí casi siempre cuando la foto es para su propio registro.
  • Haz el antes aunque no sea bonito. Sin él, el después solo cuenta la mitad de la historia.
  • Pon en el pie los detalles que vas a querer después: productos, ajustes, fórmulas, medidas.
  • Comparte el después favorecedor en el portal del cliente. Es una pequeña alegría y le recuerda sin ruido cómo es tu trabajo.

El registro se convierte en rutina

Nada de esto pide una costumbre nueva más allá de la que ya tienes, hacer la foto. Lo único que cambia es adónde va. Ponla en la ficha en vez de en el carrete y todas las citas siguientes empiezan un paso por delante, con el trabajo delante en lugar de en algún sitio del móvil.

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